lunes, 3 de noviembre de 2014

Joaquín Jiménez expone sus trabajos de piel y madera en el Colegio de Abogados




ANTONIO T. PINEDA diario Córdoba

Ha dedicado dos años a la realización del Mihrab de la Mezquita, en madera de haya, y uno a pintar el Salón del Trono de Medina Azahara

Parece que Córdoba quiere mostrarse poco a poco. De manera monumental con sus ropajes romanos, árabes, judíos o cristianos; de forma más íntima a través de la visión de las personas que la visitan; y de un modo personal plasmada por los artistas que la viven de manera profunda, intentando captar algo más de su esencia. Una esencia eterna que aparece en obras de personas de espíritu inquieto que desean que otros participen de sus sentimientos proyectados en lienzos, telas, madera, piel o papel.

Córdoba parece que tiene tanta fuerza que atrae a artistas de todas las disciplinas o despierta la sensibilidad, potencial y vitalidad artísticos de quien no se ha dado cuenta. Esto es lo que ha sucedido en Joaquín Jiménez, un castreño que vino a Córdoba joven, con una afición al dibujo que lo llevó en su niñez a crear tebeos para que sus amigos disfrutaran. Una afición que le impulsó a recibir durante varios años clases de dibujo en la calle Agustín Moreno, ampliando conocimientos posteriormente en el Instituto Mateo Inurria. Una vez saciada su capacidad técnica en varias materias, Joaquín Jiménez se fue introduciendo en Córdoba --o Córdoba se introdujo en él-- y a través de diferentes técnicas como el pirograbado y el trabajo en cuero, comenzó a dibujar la ciudad, llenándole esta experiencia tanto que investigó en su técnica favorita, el pirograbado, para darle color y enriquecer sus trabajos. Pionero hace más de 30 años en las técnicas de colorear la madera, se adentró en la Córdoba íntima de los patios y los monumentos principales de la ciudad, pero desde una perspectiva a pie de calle, de visitante impresionado por la riqueza que transmite. Esta obra sobre una ciudad sosegada y equilibrada eclosiona con su segunda línea que le atrajo y le sigue seduciendo actualmente, el arte árabe.

Joaquín Jiménez comenzó pintando en madera y en piel jarrones de la cultura árabe de Italia, Marruecos o España, además de otros objetos decorativos, para culminar sus dos grandes obras, frutos de un gran número de horas de visitar la Mezquita y Medina Azahara, tiempo al que hay que añadir el dedicado a estudiar el Mihrab y el Salón del Trono para captar todos los detalles que lo decoran, y, en ocasiones, investigar sobre las partes que han desaparecido o que se encuentran deterioradas. Dos años dedicados exclusivamente a la realización del Mirhab y uno a la estancia de Medina Azahara, para recoger, en madera de haya perfectamente pulida, con acrílicos metalizados, toda la riqueza de estas dos estancias icono de la monumentalidad cordobesa. Son dos obras realizadas en el tamaño suficiente para que no escape la esencia que Jiménez ha sabido captar de ellas entre madera y piel, los dos elementos fundamentales de su trabajo, que se exponen en el Colegio de Abogados, en colaboración con la Casa de Castro del Río en Córdoba.

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